VIVAMENTE EL DOMINGO (Vivement dimanche!) François Truffaut – 1983

Vivement_DimancheParece poco probable que durante el rodaje de Vivamente el domingo François Truffaut fuese consciente de que se tratara de su último trabajo. El primer síntoma de su enfermedad se manifestó en julio de 1983, pocas semanas antes del estreno. Aún así, la película tiene cierto aire de despedida espontánea, de celebración desafectada. Lo que si es bastante probable es que hayamos sido nosotros quienes dotemos de esas cualidades tonales a un filme algo fallido, un quiero y -por poco- no puedo que no le tenemos en cuenta, que no nos importa, que disfrutamos y festejamos con una nostálgica sonrisa en el rostro.

Tengo a Truffaut por un tipo amable al que agradecerle muchas cosas, no solo películas. Una de ellas es El cine según Hitchcock (Alianza Editorial), libro-entrevista a la vez que declaración de amor-mitómano hacia el cine del maestro del suspense. Es Vivamente el domingo (como lo fueron también Tirad sobre el pianista, La novia vestía de negro y, en cierta medida, La sirena del Mississippi) un claro homenaje al cine negro, al modelo clásico narrativo de Hollywood. Construida en torno al falso culpable (interpretado por Jean-Louis Trintignant) y la colaboración que establece con su secretaria (Fanny Ardant),  verdadero motor de la historia, llama poderosamente la atención la atemporalidad de la película; lejos de ese feísmo estético que son los años ochenta y la textura propia del vídeo doméstico, la decisión de rodar en blanco y negro en 1983 es toda una declaración de estilo. Sin querer obviar a los responsables del diseño de producción, Nestor Almendros compone una maravillosa atmósfera propia de los años cincuenta y Truffaut planifica con especial atención a los planos detalle, las miradas y reacciones, facilitando el clima de tensión e intriga.

Pero la película es, por encima de todas las cosas, Fanny Ardant. El amor con el que François Truffaut retrata a Ardant es una auténtica delicia y pone punto y final a una de las constantes del cineasta parisino: el hechizo que siente por la figura femenina (de hecho, es la causa por la que mata el asesino en la película, según su confesión final en la cabina telefónica). Y esa fascinación, esa magia, podemos contemplarla en la que para mí es la escena de la película; aquella donde Trintignant contempla el ir y venir de las mujeres a través de la ventanilla del sótano que da a la calle. El personaje de Bárbara decide regalarle -también a nosotros- un paseíllo que destila picardía a cada paso que da. Fanny Ardant, juguetona y manipuladora, elegante y con personalidad. Cómplice.

No sólo Ardant juguetea con nosotros, Truffaut también lo hace. Pero lejos de mirarnos desde arriba o por encima del hombro, lejos de poseer una actitud resabiada y condescendiente, a millas de resultar pedante, está a nuestro mismo nivel, sentado junto a nosotros en la butaca de al lado, disfrutando de la pieza, riendo y aplaudiendo. Así me lo imagino, sonriendo antes de morir ese domingo 21 de octubre de 1984. Por fin es domingo. ¡Qué bonito debe ser poder despedirse amando! L’homme qui aimait le cinéma.

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amb i grega, dièresi i acabat en zeta

Un Comentario

  1. Anónimo

    Vull conseguir la peli d’en Truffaut efn de director. La recordo amb carinyo.

    Me gusta

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