Risorio de Santorini

Risorio de SantoriniQuiero ver el Risorio de Santorini una vez más. Estas fueron tus últimas palabras antes de morir. Por cierto, aunque tu aspecto era horrible, nunca podré olvidar esa serenidad en tu rostro. Se acabó el dolor. Bueno, se acabó el dolor para ti. Aunque ya me he resignado a tu ausencia, no sabes lo mal que lo pasé esos días. Me sorprendió Marc. ¡Qué entereza! Laura, en cambio… Oye, estuvo bien, ¿no? Vino todo el mundo. Quedó bonito. Triste, pero bonito. Tu madre no entendía lo de la música; mira que Carmen le dijo que era tu canción preferida, ¿eh? Pero no había manera de hacérselo entender a la pobre mujer. ¡Un funeral sin cura! decía. Pobre. ¿Sabes qué? Ya no meo sentado. Total, ya no tengo quién me eche la bronca por dejarlo todo perdido. Y pongo los pies sobre el cristal de la mesita del comedor. Sin cojín. En cambio tenías razón con lo de la cerveza: queda la marca.

Florencia, capital de la Toscana. El duomo de Santa María del Fiore. El ponte vecchio. La basílica de la Santa Croce. La piazza della Signoria. El Risorio de Santorini… Lo tuyo es obsesión. Era. No lo dudé ni un instante. Sí, lo sé. Te respeto y sé que querías que las esparciera por aquel rinconcito escondido de Es Castell pero pensé que llevar un poquito a tu ciudad favorita estaría bien. Sabes que no soy muy de viajar. Por salir, con Menorca me conformo. Me hacía ilusión Nueva York por lo de las películas, París es París y no le encontré la gracia a Londres. Roma, más allá del Trastevere, nada. ¡Y suerte que fui contigo! Ya sabes que el arte, a mí no… para eso hay que saber. Siempre admiré tu faceta artística y cultural. Se me caía la baba al verte hacer manualidades: los muebles, el jardín, los pasteles… ¡Lamento tanto no haber ido a Florencia contigo! Siempre me hablabas maravillas y yo siempre con excusas. Nunca te lo confesé. Decía que no la iba a disfrutar como tú, que si Roma en su día ya me costó, bla, bla, bla… La verdadera razón por la que tú y yo no fuimos a Florencia… buf, escuece. A ver. Tú y yo no fuimos a Florencia por culpa de mis celos. Rabiaba a morir cada vez que hablabas de ese viaje. Puro resentimiento. Joder, me da mucha vergüenza confesarlo. Vergüenza y pena. Te imaginaba feliz, enamorada, colgada del brazo de Alberto y no lo podía soportar. Alberto… estaba muy jodido. Nos dimos un abrazo. Fue sincero.

No fue fácil volar con las cenizas. Y menos ahora, con tanta seguridad. Fue curioso porque, tras veintipico años siendo mi esposa, pasaste a ser considerada como equipaje de mano. ¿Qué te parece?

Florencia. ¡La cuna del Renacimiento! ¡Ah, el Renacimiento! Tenemos tan claro lo que es y lo que abarca que a veces nos olvidamos de su significado más elemental: renacer, resurgir, resucitar… ¡Te echo tanto de menos! Siento haber sido tan torpe. Haría las cosas de otra manera. En fin… Un día te llevaré a Florencia, me decías. Firenze, como tú la llamabas. Volé decidido a cumplir esa promesa rota, una especie de resonancia atrapada en mi mente desde el día en que te fuiste. Viajé a ciegas, sin guía, dispuesto a contemplar con mis ojos el famoso Risorio de Santorini. Me imaginaba que sería de una magnitud extraordinaria, una de las grandes obras de la arquitectura renacentista por mucho que no figurara jamás en las listas y rankings que blogs o periódicos confeccionan a menudo sobre grandes o maravillosas construcciones.

Quiero ver el Risorio de Santorini una vez más, me dijiste antes de morir. Me pateé Florencia de arriba a abajo, de izquierda a derecha, en diagonal y del revés pero no di con el dichoso Risorio de Santorini. Además, internet nunca se me dio bien. Lo sabes. Lo sabías. Ahora mismo te imagino riéndote a carcajadas. Por más que busqué, no di con lo que más te gustaba: esa construcción doble, pequeña, de forma triangular, situada a lado y lado de la comisura de mi boca. No caí en la cuenta de que justo antes de morir, tan solo me pedías que sonriera.

Por cierto, Florencia (o Firenze, como tú la llamabas), preciosa.


foto: @jinfantinotrumble | instagram

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amb i grega, dièresi i acabat en zeta

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