Joe Spinachio

IMG_7852Joe Spinachio siempre soñó con ser una estrella del béisbol. Nunca se conformó con ser un gran jugador ni con formar parte de los mejores equipos; su deseo era dejar huella, cambiar la historia de la liga, establecer marcas inalcanzables. Ser más completo que Willie Mays, batir el récord de hits consecutivos de Pete Rose, superar los homeruns de Hank Aaron o realizar más carreras limpias que Lefty Grove y, cómo no, batear mejor que Babe Ruth, el sultán del swing. Esos eran sus principales objetivos. Reventar las estadísticas. Quería ser tan bueno que no se conformaba con ser el número uno. Fantaseaba con hacer pequeños los mejores estadios de la Major League Baseball: Fenway Park, Wrigley Field o el Yankee Stadium. Era capaz de visualizar su fotografía colgada al lado de la de sus ídolos en Cooperstown así como se sabía de memoria el discurso que pronunciaría la noche que lo incluyeran en el Hall of Fame. Creía que su carisma salvaría al béisbol de uno de sus momentos más difíciles porque estaba destinado a ser el mejor. Pero Joe Spinachio no es consciente de un pequeño detalle bastante importante. Joe Spinachio jamás podrá jugar al béisbol. En la vida. Nunca veremos a Joe Spinachio vestir un uniforme profesional, con sus finas rayas verticales, sus botones y sus gorras con el logo característico de cada equipo. No, amigos. Nunca veremos a Joe Spinachio jugar para los Yankees, los Cubs o los Red Sox. El lugar que debiera ocupar su retrato en el salón de la fama quedará vacío o lo ocupará cualquier jugador mediocre sin mayor trascendencia. Joe Spinachio jamás cogerá un bate ni podrá experimentar el sonido que produce la pelota de 9 pulgadas al impactar contra el guante de cuero marrón. Nunca hará una simple carrera de base a base y aún menos un homerun. Joe Spinachio sigue mirando a los garbanzos, soñando con esas pelotas de piel zurcidas con hilo pero por más que lo intente, no dejarán de ser garbanzos. Joe Spinachio no es más que la consecuencia de una mente enferma. Joe Spinachio tan solo es el resto de espinacas en una espátula de madera apoyada en una sartén. Descanse en paz, Joe Spinachio.

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amb i grega, dièresi i acabat en zeta

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