Kikagaku Moyo 幾何学模様

Diseño: Vasco Valentim

Diseño: Vasco Valentim

Noche psicodélica de ácidas melodías la que vivimos ayer por la noche con Kikagaku Moyo / 幾何学模様 en el Heliogàbal. El quinteto nipón visitó Barcelona por primera vez de la mano dublab.es y Sidewalk Bookings, en el que fue su último evento.

Ya en las pruebas de sonido, después de resolver cómo iban a disponerse en el minúsculo espacio del Helio, me quedó bastante clara la intención del grupo. No pretenden asombrar ni sorprender, tampoco exhibir músculo y mucho menos epatar al personal a base de riffs, repeticiones y cambios de dinámica. Pese a conocer sus referentes y la fuente de donde beben, la propuesta de Kikagaku Moyo es bastante humilde: déjate llevar. Y a fe que lo hice.

No hubo espacio para el folk, todo eléctrificado y perfectamente estructurado, siguiendo un molde muy orgánico y sin abusar de efectos artificiosos o instrumentos como el sitar, cuya comedida presencia le otorgaba mayor fuerza e importancia al conjunto.

Es cierto que a Kikagaku Moyo, por el poco tiempo que llevan, se les ve algo rígidos: pendientes los unos de los otros, de avisarse en las entradas y cambios, etc. en clara contraposición a todo lo que sugiere su música, pero es algo que a base de horas de tocar en directo acabarán puliendo. También es cierto que el público no ayudó demasiado: frío y cerebral en exceso, escrutando el show con una mirada horizontal y evitando inmiscuirse en toda la ceremonia que Daoud Popal trataba de crear con su guitarra. Pero a mi me daba igual, yo seguía con mi rito particular, celebrando cada nota como si fuera un drop lisérgico lleno de color que te conecta con una vetusta naturaleza de donde poder extraer compuestos del cornezuelo a modo de self-service mientras las voces de Tomo Katsurada y Go Kurosawa me transportan a lomos de un kodama a través del bosque.

Mi éxtasis particular llegó con un tema inédito que presumiblemente irá en su próximo disco. Kotsuguy y Kurosawa crearon una base rítmica al bajo y batería mientras Tomo Katsurada punteaba un sencillo pero efectivo motivo melódico a la guitarra a lo largo de más de diez minutos en los que experimenté la suspensión temporal de las funciones corporales llegando a temer por una relajación de esfínteres.

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amb i grega, dièresi i acabat en zeta

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